jueves, 5 de abril de 2018


“Los malos guiones” pretende ser una sección para reflexionar sobre películas de estreno reciente, diseccionar sus puntos fuertes y débiles, y si hay posibilidades, proponer soluciones para sus problemas narrativos. Las opiniones vertidas aquí serán, como todo lo que contiene este blog, personales y subjetivas. Como cabría esperar, habrá muchos spoilers.

Comenzaremos con Star Wars: Los últimos Jedi porque ha sido la más taquillera de 2017 y a pesar de todo tiene uno de los peores guiones con los que me he encontrado últimamente. Resulta extraño que una superproducción en la que se invierten cientos de millones, con perspectivas de ganar miles (con la anterior ganaron más de 2.000 millones, una cifra que da vértigo), pueda rodarse de esta forma, con un texto pobre, mal hilvanado y que cuando no hace enarcar una ceja da vergüenza ajena. Echando un vistazo a la ficha de la película descubrimos parte del misterio: el encargado de escribir y dirigir este autobús tan caro que va sin frenos hacia el precipicio espacial es Rian Johnson. No es un novato, suyas son Looper y Los hermanos Bloom. Pero sigue siendo casi un desconocido, si le comparamos con J.J. Abrams y Lawrence Kasdan, que firmaron de El despertar de la Fuerza. Sea por falta de experiencia en el género o porque todo el mundo ya daba el éxito por seguro, el resultado ha sido terrible. Y sí, ha recaudado 1.300 millones de dólares, pero eso sólo la convierte en una inversión rentable, no en una buena película. Veamos por qué.

Los últimos Jedi tiene muchos problemas, tanto narrativos como de lógica interna. Su trama no es coherente con la anterior entrega de la saga, mueve personajes pobremente desarrollados por escenarios poco interesantes y para rellenar los agujeros se apoya en escenas de acción presentadas de forma confusa y atropellada. Seamos realistas, se pasan el rato entre una isla de cuatro metros cuadrados, el espacio jugando al corre-que-te-pillo, un hipódromo y un desierto con una base que es una puerta muy grande con dos habitaciones detrás. Por si fuera poco, las mecánicas más básicas del mundo (la física, el sentido común) están tan rotas que todo se vuelve una comedia. Parece que como el espectador ha decidido pagar la entrada para ver esta mezcla de sci-fi/fantasía, tiene que aceptar el “todo vale”. Pero no.


En general es difícil responder a la pregunta más básica de todas: ¿de qué trata esta película? Se suele decir que una buena historia se puede resumir en una única frase. Si no eres capaz de hacerlo y necesitas enrevesadas explicaciones para hacerte entender, es que no tienes muy claro qué quieres contar. Peor aún, no vas a ser capaz de transmitírselo a tu lector/espectador. Podemos argumentar que se trata de la segunda parte de una saga y no se puede analizar de forma independiente… pero, en serio, ¿qué es eso tan interesante que les lleva dos horas y media? ¿La huida desesperada de los últimos rebeldes? ¿El intento de Rey por redimir a Kylo Ren? Ese es otro problema, la narración partida que no acaba de interconectarse y rompe el ritmo constantemente. Si querían hacer algo así, deberían haber apostado por una serie de televisión, porque personalmente a cada corte tenía la impresión de final de capítulo, títulos de crédito y pasemos al siguiente.

Ya que estamos, merece un punto aparte la obsesión de Star Wars por redimir a genocidas, empezando por Anakin Skywalker, al que vimos ejecutar niños sin pestañear, pero que en cuanto se quitó el casco de Vader ya volvió a ser “de los nuestros”. En esta ocasión es Kylo el que aplasta su máscara y se comunica con Rey, vía el Snapchat de la Fuerza, o algo así. Y ella acepta sin pestañear a su teórico enemigo, que hace nada mandaba pasar por el lanzallamas a una aldea cualquiera, pero sobre todo… ¡es la persona que asesinó a la única figura paterna que ha tenido! ¡Y lo hizo delante de ella! Este buen rollito sin pies ni cabeza entre ambos debería habernos hecho sospechar de que la falta de lógica sería la tónica general de esta cinta. Los personajes fuera de tono abundan (ese diálogo a lo Gila con el teléfono entre el General Hux y Poe Dameron) y aunque resulte paradójico es ese Luke crepuscular y acabado el que tiene el único desarrollo sólido y creíble. Una vez más, un maestro jedi fracasado se refugia en un planeta perdido y recibe a un aprendiz. Es la tercera vez que lo vemos, antes fueron Obi Wan y Yoda, así que no vamos a hacernos los sorprendidos ahora, ¿no?

Hay muchas otras escenas copiadas de entregas anteriores en Los últimos Jedi: el maestro en el planeta perdido, el aprendiz que entra en el lugar oscuro, que se marcha antes de completar su formación, el líder supremo recibiéndole en su sala del trono, el asalto de los Caminantes Imperiales a la base rebelde… Cambiamos la nieve por sal, ¡es diferente! Incluso la misión en el casino interestelar nos remite a cualquier James Bond. Sería de hipócritas ponernos quisquillosos con eso porque El despertar de la Fuerza ya era un remake encubierto que copiaba casi plano a plano la Star Wars original y nos lo tragamos, y aplaudimos. Lo único que se le podría pedir al director es que si decide copiar, al menos que lo haga bien y aporte algo propio. A pesar de todo el dinero invertido en el diseño de producción, la impresión general es que estamos viendo una versión barata de algo mucho mejor, o como mínimo algo que en su día fue más original. El aspecto tosco y simiesco de los nuevos Caminantes es, para mí, una seña clara: tomar una idea, distorsionarla y pretender que es algo nuevo, cuando sólo logras una caricatura mediocre. Y se repite, porque ahí están los nuevos destructores o la guardia roja de Snoke. Todo es lo mismo, pero pasado por un filtro de gusto dudoso.


Volviendo a la trama en sí, y aprovechando que llegamos a Snoke, con su muerte pasa a engrosar la larga lista de personajes con cuatro líneas escasas de diálogo y un par de apariciones pero supuestamente muchísimo peso en la historia. Todo el misterio que pudo construirse en torno a él en la primera película desaparece de un plumazo (o de un espadazo, mejor dicho). Si teníamos la esperanza de conocer su pasado o que tuviese un desarrollo dramático mayor, podemos olvidarnos. ¿Para qué estuvo ahí, entonces? Para hacer perder el tiempo al espectador, uno de los crímenes a evitar en el cine. De hecho, podemos imaginar algo, como experimento: si no hubiese existido en absoluto (además de acortar el metraje), Kylo no le debería nada a nadie, no parecería un segundón frustrado y su caída a la oscuridad sería más personal. Habría que explicarla, pero su redención también sería más extrema y potente, de llegar a producirse. Pero no, nada de fantasías, tuvimos a Snoke, que vino y se fue. Igual que la Capitana Phasma, que tiene una armadura brillante que queda muy bien en las sesiones de fotos y una gran actriz debajo, pero una presencia nula. Entendiendo presencia como minutos en pantalla pero también carisma (cero). Otro personaje tristemente ahogado por el síndrome de “la coloco en pantalla y ya está” es la vicealmirante Holdo, a la cual debemos admirar y sobrecogernos ante su sacrificio final… cuando la realidad es que la hemos conocido hace un rato y sólo ha intercambiado un par de frases con los protagonistas. Desarrollo cero, trascendencia cero.

Hay algunas excepciones, sin embargo. Rose Tico es un personaje nuevo, está bien en su papel y toda la trama que desarrolla con Finn para entrar en la nave de Snoke y apagar el rastreador tiene sentido. No porque sirva para algo en la historia, porque falla al final y se podría eliminar del metraje sin que afectase a nada. Sino por el hecho de que es de los pocos momentos en los que el director se preocupa por construir una relación, llevar más lejos a los personajes y lograr que evolucionen. Que a fin de cuentas es lo que queremos ver en una película, personajes con los que empatizar, escenas con las que emocionarnos. Eso se puede conseguir incluso con una misión fracasada y prescindible, como hemos podido ver. Es tan sencillo como darles un pasado, un sentido, una dirección. Un protagonista no lo es porque haga cosas espectaculares y vaya vestido de manera chula, con su chaqueta de piloto y su gesto de perdonavidas. Lo es por la persona que existe debajo, corriente pero superándose a sí misma, con un objetivo, encarnando el arquetipo que nosotros queremos ser y llevándonos en ese viaje. Al menos con Rose y Finn el director acertó en eso (en parte).

No puedo terminar sin mencionar algunos de los momentos de acción, que van desde lo absurdo a lo patético, que nos ha dejado esta película.  En primer lugar el ataque de Poe Dameron al nuevo destructor estelar, algo que antaño se hacía con muchos otros cazas apoyándote, y eso estaba bien, porque daba sensación de compañerismo y de que mucha gente de a pie “estaba ahí”. Ir a luchar contra el mal con los colegas, ¿qué puede haber mejor? Ahora, aunque parezca mentira, basta con sólo un chalado para anular todas las baterías de superficie de una nave gigantesca. Uno se queda pensando si no les compensa poner cincuenta cañones más, ya que tienen espacio de sobra. O embarcar cien cazas, viendo que toda la Rebelión se reduce a una docena de bombarderos, unos Ala-X que están para decir hola y adiós, y un puñado de naves mayores. Así la hora y pico jugando a correr por el espacio hasta que se acabe el combustible se acortaría un poco. Otras preguntas ¿por qué los cañones de la meganave de Snoke pierden potencia a tan poca distancia? Podría cambiarlos por las bombas esféricas de los rebeldes, que además de generar su propia gravedad para caer en el espacio, con unas cuantas destruyes cualquier cosa. ¿Y por qué te tienes que poner tan cerca para tirarlas? Aparte de eso, ¿no hay otro destructor más de la Primera Orden que pueda materializarse desde el hiperespacio frente a la nave rebelde que huye para cortarle el paso? ¿Estaban todos tan ocupados? ¿Conquistas una República galáctica de cientos de planetas pero tienes problemas de personal?


Otro momento cumbre es el duelo entre los guardias rojos y el dúo Rey/Kylo. Hay pocas coreografías más lentas, tramposas y confusas. Enemigos que amagan los golpes, retroceden cuando no deben, pierden las armas oportunamente y demuestran que son dignos alumnos de la escuela de combate de los Power Rangers. Lo que podría ser un espectacular combate de esgrima se convierte en un muestrario de florituras y piruetas que no vienen a cuento. Obviamente, cualquier combate de ficción es coreografiado, aquí no se trata de pedir que se enfrenten como un duelista del Siglo de Oro o como maestros de kendo. Sin embargo el director tendría que recordar que cada pelea también cuenta una historia sobre los implicados. Sabemos más de Darth Maul o de John Wick por sus movimientos cuando se enfrentan a otros que por cualquier monólogo introspectivo. Por cierto, ¿cuánto habla Maul en su película? Lo justo, pero sigue pareciéndonos un gran villano, ¿por qué? Otra lección a aprender. Lo único que se puede sacar en claro de la pelea en la sala del trono de Snoke es que es mejor poner material ignífugo en las paredes, que los poderes de la Fuerza desaparecen en el momento más inoportuno y que algunos personajes están blindados por el guión. Otros sólo están ahí para que se les haga picadillo.

Se me quedan cosas en el tintero, como por ejemplo, por qué se da carpetazo al tema de los padres de Rey después de haber insistido sobre el asunto hasta la saciedad en El despertar de la Fuerza. Qué se aprende del pozo negro y el espejo en la isla, si es que se aprende algo, ¿o era sólo relleno? Cómo encaja lo que se nos cuenta de la destrucción del templo jedi con el flashback que tiene Rey en la primera película cuando toca la espada de Luke (recordemos, Luke bajo la lluvia con R2 mientras se le acercan Kylo y ¿los Caballeros de Ren?). Tengo la sensación de que Rian Johnson pasó como una manada de búfalos por encima de todo lo que no le cuadraba en su historia, no quería, o no sabía, cómo tratar. Quizá por eso J.J. Abrams y Kasdan hayan vuelto para escribir y dirigir la tercera. Van a tener otro éxito millonario, pero puede que quieran hacerlo de forma algo más digna esta vez.


9 comentarios:

  1. No por esperado menos bueno. Noto que hierve este post. Creo que es una película tan cargada de defectos que abruma.
    A mi me resultó especialmente desternillante todo el final, como la quinta esencia del absurdo, pero es que la peli es un no parar.
    Casualmente en el planeta de enfrente hay una base rebelde. Los cuatro supervivientes de cientos o miles (ni te habías dado cuenta de como palman hasta ver que son cuatro) dicen "estamos atrapados no hay salida", C3PO dice "no hay salida". Luke se inmola por skype y C3PO derrepente se da cuenta que la geología del planeta es muy compleja y que puede que haya una salida aunque no sabe dónde... Los zorros de swarovsky los guían y... En fin, es tán ridícula... Hay una salida.
    Discrepo con lo de Finn y Rose, en términos absolutos, me parece un desarrollo lastimosos de personajes, pero en relativo, es cierto que son de los más desarrollados.
    Una cosa también lastimosa es la patada que le han dado a Rey convirtiéndola en una heroina lastimera y que parece que va a remolque, cuando era el único personaje con algo de carisma y fuerza.
    Phasma... Verguenza ajena.
    La llamada telefónica a la naranja (no recuerdo el nombre) "¿Oiga?¿tiene un condensador de fluzo? Le vamos a buscar en un momento que andamos en una guerra"...
    Al menos me he reido con esta entrada.

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    1. Me he dejado muchas incongruencias más por mencionar, porque como tú dices, esta película es un no parar. Desde luego lo peor es haber eliminado el potencial de muchos personajes, sobre todo Rey. No creo que J.J. Abrams esté muy contento.

      Un saludo, me alegro de que te hayas divertido leyendo el artículo.

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  4. Había hecho un comentario pero lo he eliminado. En él comentaba que el problema de la película era de guión, no de dirección, pero luego he revisado los créditos y he visto que el director era también el guionista.

    Así pues, completamente de acuerdo con tu crítica. Como decía en el comentario que he eliminado, la única razón por la que no me decepcionó la película es que esperaba muy poco de ella. Supongo que el único motivo por el qué fui fue por el buen sabor de boca que me dejó Rogue One.



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    1. Iba a responder a tu comentario original pero ya lo has hecho tú mismo. En lo que sí coincido es que en una superproducción de este tipo, la libertad creativa del director/guionista está bastante coartada. Creo que no nos podemos ni imaginar las presiones que sufrirán para meter esto o aquello por motivos de marketing.

      Que conste que no considero a Rian Johnson un mal director, sólo menos habituado a este tipo de historias. Me sorprende que los productores no le pusiesen trabas en los cambios más radicales que hizo a la trama general, pero quizá pensaban que el éxito estaba asegurado de todas formas.

      Gracias por tu comentario, un saludo.

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  5. Muy buena entrada, y coincido en muchas cosas (aunque no en todas).

    Que pena...

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    1. Gracias, Nirkhuz. Y si quieres comentar en qué cosas no coincides, encantado de leerte.

      Un saludo.

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  6. Yo soy capaz de pasar por alto cualquier defecto mientras las sensaciones que me dejen sean buenas. En este caso no lo son. No me daba la sensacion de estar viendo una pelicula de Star Wars.

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