domingo, 24 de diciembre de 2017


El trailer de Bright, la última película de Netflix, protagonizada por Will Smith y Joel Edgerton, prometía algo que muchos fans del género fantástico habían imaginado desde hace años: fantasía medieval adaptada a la era moderna, bien hecha y con medios suficientes. Los actores eran de primera línea, el director, David Ayer, un veterano que había dirigido End of Watch (Escuadrón Suicida no lo incluiré como un mérito) y escrito Training Day... Con dinero de sobra y aparente libertad creativa ¿qué podía fallar?

El guionista, Max Landis, ya había escrito Chronicle, una película de superhéroes atípica y para mi gusto mejor que muchas superproducciones actuales. Tenía el beneficio de la duda, a pesar de haber firmado después otros títulos bastante irregulares. Por desgracia lo que podría haber sido el comienzo de una saga memorable, se ha quedado en un proyecto a medio camino que sirve como mucho para pasar el rato.

Ya deberíamos haber empezado a sospechar al ver la trama principal: época actual, humanos y seres fantásticos conviven con roces entre ellos. El Señor Oscuro va a regresar y necesita una serie de objetos mágicos que sus secuaces, los Mortíf... digo los Inferni, deben reunir. Una renegada huye con uno de ellos y se topa con los protagonistas, policías de servicio. Desde luego no ganaría en un concurso de originalidad. Hay pinceladas de denuncia social, porque los orcos son la clase baja y los elfos viven en barrios protegidos por militares, pero salvo menciones superficiales, no va más allá. Si quitas eso, sigue resonando en tu cabeza "más de lo mismo". El mayor problema de Bright es que pronto resulta evidente que su trasfondo fantástico resulta un mero decorado de Halloween. Realmente lo que estamos viendo es una mera historia de policías corruptos y peleas entre bandas. Sin los efectos especiales, la película se queda en una imitación apañada de Training Day y de tantas otras buddy movies. ¿Qué más da que la excusa sea una varita mágica o una bolsa de diamantes? Si en el fondo el resultado va a ser el mismo.

Problemas de este tipo ya lo han tenido películas similares antes, incluido el mayor referente de Bright, la ochentera (y mejor para mi gusto) Alien Nation (1988). En este caso el compañero del policía protagonista no es un orco sino un alienígena, pero todo se mueve dentro de los mismos parámetros: incluir un elemento diferente y prometedor para ocultar que no estamos ofreciendo nada nuevo. En Cast a Deadly Spell (1991), título de culto sólo para valientes, lo revolucionario era presentar unos años 40 en los que todo el mundo usaba magia y había referencias constantes a Lovecraft... pero tras ese maquillaje se quedaba en una imitación del cine noir de toda la vida.

Que no haya malentendidos, no es que todas estas películas no sean divertidas de ver, son serie B que sirve para matar el tiempo, pero a veces uno desearía que sus ideas llegasen a buen puerto con un director o un guionista competentes.

Porque Bright no sólo falla a la hora de usar la fantasía con cierta profundidad, también tiene un desarrollo de personajes escaso y encadena escenas de acción de una forma que parece pura desesperación por llenar minutos. Cuando comienza un tiroteo y lo primero que piensas es ¿otro? Mala señal. El tiempo en que los pandilleros con ametralladoras persiguen a los protagonistas podría haberse empleado en explicar más sobre el mundo, lograr que empatices con alguno de los secundarios o desarrollar la trama principal. Eso habría evitado que todo tenga el aspecto de un capítulo piloto venido a más.

En el fondo uno podría pensar, ¿para qué ponerse quisquilloso? ¿Qué se puede esperar de una historia con un orco policía, elfos asesinos y dragones que sobrevuelan Los Ángeles de noche? Precisamente eso, tomar algo que no se ha visto nunca y lograr que funcione de verdad. Sólo hay que ver la cartelera de estos años para darse cuenta de que el cine fantástico es capaz de construirse un espacio propio, no tiene por qué conformarse con ser una imitación de otros géneros. Quizá todavía el mundo que intentaba presentar Bright no ha caído aún en manos adecuadas, pero confío en que algún día lo logre.

2 comentarios:

  1. A ver, sin paños calientes, es bastante aburrida, y un topicazo hecho desde la ignorancia con todos los clichés habidos y por haber... Y lo de las escenas de acción es un pecado... estoy seguro que en la versión comentada por el director dice "esto lo hicimos para evitar que hablasen, no sabíamos que más paridas poner"

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